Uno podría pensar, junto con Stephen Jay Gould, que existen al menos dos maneras de relacionarnos con el acto intelectual. El distinguido biólogo las retoma de fuentes mucho más antiguas, que pasan por el poeta heleno Arquíloco (posiblemente anterior a Homero) y Erasmo de Rotterdam. Precisamente toman la palabra los animales para ilustrar dos formas de ser ante la ciencia, que ilustran nuestras relaciones con el conocimiento y su administración, pero que también tienen que ver, de una forma más amplia, con la manera en que los seres humanos actuamos, no sólo en los grandes momentos, sino también en la cotidianidad de nuestros momentos más personales. Son el zorro y el erizo. Estos sobrevivientes de la fabulación clásica y del estereotipo con que a los humanos nos gusta cargar a casi todo, nos presentan dos modelos o estrategias que a primeras luces se muestran divergentes.
En el campo de la práctica intelectual, los zorros son aquellos que aplican sus muchas habilidades a implantar un fruto nuevo y decisivo para que otros estudiosos lo recojan y lo mejoren en un huerto concreto, y después se van a esparcir algunas nuevas semillas en un tipo de campo totalmente distinto.Los erizos en cambio, localizan una mina en la que sus aptitudes específicas y realmente especiales no pueden ser igualadas. Después permanecen allí durante toda su vida, excavando cada vez más profundo, hasta llegar a los depósitos más ricos de un filón principal cuya grandeza completa nunca antes ha sido tan bien reconocida ni explotada.
Es probable que en la mayoría de los casos, nosotros tengamos un poco de zorros y un poco de erizos. Estas cualidades bien aprovechadas, nos podrían ayudar a elegir con conocimiento de causa y buen criterio, que tipo de enfoques deberíamos asumir a la hora de explorar un problema concreto con la finalidad de buscar la solución. Es evidente que los fundamentos de la tecnología educativa son muy variados, que existen epistemologías diferentes, e incluso visiones de mundo que en muchos casos se muestran, al menos a primera vista, irreconciliables. Pero un campo reciente y pragmático como la T E debe afrontar esta herencia conflictiva como una forma de ser. Hay que tener mucho cuidado a la hora de plantear si los marcos teóricos fundamentales deberán imperar ante los elementos contextuales o viceversa.. Creo que debemos tener una fuerte base de conocimientos que legitime nuestro accionar profesional y un gran sentido de la perseverancia, pero esto debe combinarse con la flexibilidad y la habilidad de reinvención, así como con una dosis de intuición que nos permita elegir las mejores opciones y tomar las decisiones adecuadas para lograr el objetivo que nos hayamos planteado. Nuestras vidas son tan variadas, tan irreductibles, tan fascinantemente complejas, gracias a las legítimas diferencias que florecen sobre la totalidad de la experiencia humana.
Referencia: Gould (2004) Érase una vez el zorro y el erizo. Madrid, Crítica.