jueves, 3 de diciembre de 2009

Simulación y libertad

“El espacio... la frontera final”. Esta es la frase de inicio de “Viaje a las estrellas”, una exitosa serie de televisión, que a partir del éxito inicial, continuó con varias secuelas que vieron la luz desde finales de los 60 del siglo recién pasado y a la fecha siguen vigentes, para satisfacción de los seguidores de Kirk, Spock y Piccard. Basada en los textos de Gene Rodenberry, la serie nos muestra la vida y aventuras de un grupo de intrépidos y muy heterogéneos tripulantes, a bordo de una conspicua nave espacial perteneciente a la Federación. Siglo XXIV. Los humanos y otros seres inteligentes que habitan en otros mundos, no sólo han entrado en contacto, sino que viven y trabajan juntos. Por supuesto también se hacen la guerra unos a otros con dimensiones planetarias y galácticas. Algunas cosas nunca cambian. Me pregunto cuáles son los sistemas de enseñanza utilizados en la nave espacial Enterprise, buque insignia del adelanto tecnológico y de la expansión del conocimiento. En el actual siglo XXI, en el que los humanos seguimos autoconsiderándonos los seres más inteligentes del planeta y de la galaxia hasta que se demuestre lo contrario, se mantiene el debate abierto sobre la idoneidad de distintos modelos de enseñanza y aprendizaje. La enseñanza programada, que fue fundamental para el desarrollo primario de la tecnología educativa, aun mantiene sus criterios básicos como partir de una técnica de enseñanza con una secuencia de pasos controlados y reproducibles de momentos instructivos, cuya eficacia se demuestra en un aprendizaje medible y consistente. Esta forma de enseñanza se extrapola a veces en películas y libros de ciencia ficción, hasta convertirse en un medio de control social masificador y enajenante, que en el caso de la saga de Matrix, se convierte en entretención virtual alucinatoria. En otros libros y filmes como Brasil, Equilibrium o Fahrenheit 451, educación (o mejor dicho instrucción) y libertad parecen ser términos que se repelen entre sí. Un duro golpe al sueño de la educación para la libertad de Freire. Pensemos con optimismo sin embargo, o mejor con el pesimismo activo de Saramago, que las cosas buenas de la enseñanza programada, como la posibilidad de adquirir conocimiento y llevarlo a la práctica según el ritmo que cada persona requiere, se combinarán con elementos problematizadores, críticos y reflexivos, propios de modelos de corte más constructivista. En caso de que lleguemos a sobrevivir a los desastres vaticinados para esta década, será estupendo pensar que en un futuro tal vez no tan lejano, podamos emprender pasos acertados para el verdadero despertar de nuestro intelecto y nuestra conciencia. Si un simulador virtual de última generación, como el Holodeck del Enterprise nos puede ayudar en esa tarea, será una maravilla bienvenida.