domingo, 5 de abril de 2009

Instante de San José

La ciudad desea estar desnuda bajo el calor último de marzo. Las calles están llenas. Cardúmenes informes, casuales, se mueven en todos los espacios posibles. Miles de ojos intercambian miradas fugazmente y luego el silencio, el silencio ensordecedor. Ésta bien podría ser una ciudad dual, cartesiana, donde la razón y la extensión  son cajones distintos.

Un desierto de muchas soledades que se mueven tan cerca, casi tocándose unas a otras.

Entre tantas va ella. Por el bosque de sombras, pasos y transpiraciones. Es pequeña, frágil y superviviente como una vieja paloma de la plaza. Lleva unos antiguos "top siders" al menos talla cuarenta y tres y una camisa de cuadros que es una capa.

Se topa con un hombre en el cruce de la calle. Extiende la mano con el pulgar y el índice hacia adelante, mientras dice dos o tres improperios con la cabeza gacha. El hombre le da la chinga que fumaba, entre sorprendido y cómplice.

Cambia el semáforo y continúa el viaje. Ella se pierde en el tumulto con sus piernas flacas de paloma vieja y jugada.  A mí me da por verla alejarse y meditar sobre cosas profundas: ¿Vivimos una libertad predeterminada? ¿Tendría razón Baruch Spinoza?¿Cuánto le durará la chinga en los labios?

1 comentario:

  1. "Es pequeña, frágil y superviviente como una vieja paloma de plaza". Debo decir que de todo este texto de fugacidades, de lo que pasa urbanamente cada día en instantes, esa frase me parece que condensa todo, es realmente hermosa. Me gustó mucho este texto. La sensación de volatilidad y de algo que pasa...."Cuánto le durará la chinga en los labios?"...Me recordó el poema de Baudelaraire, A une passante. Gracias.

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